Es raro mirar hacia atrás, y ver todo lo que fue sucediendo. Es raro mirar hacia atrás, y ver cómo las historias se van quedando lejos. Es raro entender que lo que quedó atrás, quedó atrás, y con eso, no hay más vuelta que darle. Es raro girar la cabeza y ver en un torbellino un sinfín de recuerdos. Sí, es raro, muy raro.
Pero mucho más raro que mirar hacia atrás es mirarse a uno mismo. Mirarnos para adentro, redescubrirnos. Reconocernos, pasearnos, desnudarnos con la mirada. Volver a vernos una y otra vez, entender quienes somos. Entender quién fui, quién soy y quién quiero ser a partir de ahora.
Tengo mis cosas, ya lo sé. No soy perfecta, ni intento serlo. Pero tengo la suerte de poder mirar hacia dentro y gritar a los cuatro vientos lo orgullosa que me siento. Sí, estoy orgullosa de ser quien soy, de llegar a donde llegué, de tener los amigos que tengo y las relaciones que supe construir. Me enorgullece lo que pienso, pero también admiro mi manera de sentir. Me sorprendo. Crecí, cambié, mejoré. Estoy distinta, estoy mejor. No sé sí todos pueden decirlo, pero yo estoy feliz de sentirlo.
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