martes, 22 de noviembre de 2011

Tomado prestado

Durante mucho tiempo creí que soñar despierta la mitad del día era el rasgo más llamativo de mi personalidad. Que ser una soñadora hacendosa y precisa era una cualidad especial, como ser tartamudo, pelirrojo o zurdo lo es para otras personas. Sin embargo, hace unos años, conversando con amigas, me di cuenta de que mi vicio no era mío. Que todas las mujeres pasábamos horas practicando diálogos irreales en voz alta, besándonos con actores de Hollywood entre sueños, o imaginándonos vestidas con el trench de Michelle Morgan y un collar doble de perlas viajando en el Orient Express.

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