miércoles, 23 de noviembre de 2011

Querido MB

Es raro sentarme a escribirte. Escribirte es asumir que llegó el fin, asumir que llegó la hora de despedirte, de despedirme. En fin, que llegó la hora de irme
Se me hace muy difícil dejarte ir, dejarme ir a mí, a mi yo que creció entre tus paredes durante estos años, que creció con tus clases y tus recreos, a mi yo que creció con cada profesor, y con cada compañero. 
Me cuesta materializar nuestra despedida. No es que no quiera seguir con mi vida, es solo que quiero quedarme también en la vida que ya termina. ¿No me dejás vivir en dos mundos? ¿No me dejás volver entrar por primera vez, aunque sea una sola vez más? 
Sí, ya sé, ni hace falta que me respondas. No, no puedo. Y está bien, lo entiendo. Sé que el tren pasa una sola vez, y tuve la suerte de haber podido aprovechar mi viaje al máximo. 
Vos me viste crecer, vos me hiciste crecer. Me abrazaste, me acompañaste y me apoyaste siempre en este camino, pero también me diste las alas para volar mi vuelo. Me enseñaste mucho, pero más me enseñaste a pensar por mí misma. Confiaste en mí, en mi capacidad, en mi creatividad. Confiaste en que podía, y hoy, efectivamente, puedo. Me hiciste pensar, me hiciste crear. Me enseñaste a dar siempre más, a exigirme mi máximo y nunca conformarme. Me enseñaste en valor de la búsqueda y de la pregunta, de la investigación misma, del camino más que la propia respuesta, cerrada y aprehendida. 
Me diste las herramientas para poder afrontar problemas de matématica y fuentes de Onganía, pero más me enseñaste para afrontar la vida. Me mostraste caminos y me diste a elegir, me diste la libertad para aprender y sentir. 
Entre tus paredes, me reencontré, me reconocí y me aprendí a querer. Entre día y día, trimestre y trimestre, año tras año, entre tus paredes mi identidad constituí. Me hiciste un espacio en tu lugar y me invitaste a apropiármelo. Hoy puedo afirmar, con el pecho inflado, que en MB encontré mi lugar
No me queda más que agradecerte, por cada clase, cada recreo, cada salida, cada viaje. Por cada genio que me presentaste, cada profesor interesante. Por cada amigo que me reencontraste, compañeros de ruta de ahora en adelante. 
Gracias Buber, muchas gracias!
Hasta siempre, 
Yo

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Sharshi. Me dieron ganas de comentar porque no paré de llorar un minuto como una pelotuda. Escribís muy lindo, sabes? Y lo peor es que me identifiqué con cada frase, con cada palabra. No puedo creer lo grandes que estamos. No puedo (y no quiero) entender que ya crecimos, que ahora tenemos que enfrentar nuestro vuelo. Me cuesta mucho pensar que el año que viene todo va a cambiar. Me cuesta creer que ya no te voy a tener sentada al lado mío, después de estos dos años que entre peleas y discusiones disfrutamos muchísimo una de la otra. Capaz no es el medio para estar diciendo todo esto, pero simplemente me dieron ganas de escribirte en este texto hermoso. Martin Buber fue nuestro lugar cinco años. Ahí encontré a un ser tan maravilloso como vos. Voy a estar eternamente agradecida. Por siempre, hermana